9/7/13

Y una estantería llena de mariposas disecadas

Cocodrilo hecho de plumas. Le late el puto corazón igual que a las mariposas. Respiración bajo el agua, ya no jura, deja entrar sus dientes, afilados, infinitos, las algas blandas de la charca. Saca a veces los ojillos y se asoma.
Aquí nadie echa de menos, pero todo debería ser normal. Y no lo es.
Cocodrilo que llevó sobre su hocico apoyada a la diminuta y torpe mariposa. Y sus latidos eran los mismos. Y la tierra sigue siendo de la tierra, las algas aún se enredan al topar con sus colmillos, y él todavía se muerde a sí mismo debajo del agua. Ojos de ámbar y sabor dulce. Pero parece que nunca pasase nada, que todo fuese normal, que aquí nadie nunca hubiese echado de menos tanto como para no quererlo olvidar.
El cocodrilo es más cruel que la mariposa, ¿no? Es el malo de la historia. Su apariencia lo delata, ella siempre aparecía con dos alas transparentes, de viento en viento arrugadas, tan finas como el papel. Coge impulso de un suspiro y se echa a volar triste, y el cocodrilo no vuela, y sus escamas son duras, y su cuerpo fue en su día diseñado para hundirse y bucear de charca en charca. Que el brillo de sus pupilas amarillas asusten y despisten a cazadores furtivos. Pero ya nadie está triste. Aplauso hecho de alas de mariposas. Mariposa disecada, cabeza de cocodrilo.
¿No está codificado en nuestros genes el llamado de la naturaleza?
Cocodrilo verde agua, construido a base de alas de insecto muerto, que dibujó con su lengua, entre colmillo y colmillo, una ruta para el aire, para que ella respirara.
Pero aquí no pasa nada, aquí nadie echa de menos, aquí el tiempo va borrando y desollando y construyendo. Una estantería llena de mariposas disecadas. Y el agua nunca llegó, que en la selva se recuerde, a encontrarse con el mar, nunca el huevo se rompió, nunca el gusano fue mariposa. Y nadie sabría ahora decir quién fue quien se ahogó, quién empezó, qué pasó, quién es quién, cómo acabó. La historia es toda mentira, los llantos llenos de angustia son solamente ficción. El reptil no abrió la boca, no existió el insecto nunca, ni una lágrima cayó. El esfuerzo no se hizo, nadie perdió nunca nada ni nadie quiso. Nadie recuerda el dolor.

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