Querida, queridísima Marta, hoy viajo diez años atrás para escribirte esto:
Sí, a ti. A ti que llevas ese vaso porque otra gente lo lleva, que te sientas sin estar cansada apenas, que sigues ese camino porque es el que te dijeron.
A ti que supeditas tu futuro a los juicios de la gente, y no sabes si algún día este nublado pasará: tranquila, sí pasará.
A ti, que te escondes en lo oscuro ojeando de lejos los destellos de la luz. No sabes si algún día aprenderás, ni qué hacer para alcanzarla. No entiendes aún nada de la luz ni de lo oscuro, y te acercas a besarle sin saber si seguirá: no seguirá.
Tranquila, que te da tiempo de enterarte de qué va el cuento, de resbalarte y besar el suelo, de morirte treinta veces de frío y otras treinta más de miedo.
Te da tiempo de escribir en la puerta de madera del lavabo, de sacarte otras mil fotos mirándote en el espejo, de no prestarle atención a lo que amas y de echarlo treinta años más de menos.
Te da tiempo de teñirte, sentirte fea, decidirte, volver de nuevo a tu color. Te da tiempo de matar y arrepentirte, de pedir explicaciones, de soportar el silencio, de correr más que la vida y más que el asco y que el viento.
Te da tiempo de querer y de quererle de lejos, de conocer otra vez, de enamorarte otra vez, de tumbarte tres millones de mañanas sobre el césped, de dar besos por ahí a cualquiera que te haga tres minutos sonreír, de rogar y arrodillarte y llorar cuatro milenios, de suplicar el cariño como hacen los perros.
Te da tiempo de caer, levantarte y comprender, y de golpe olvidar todo y tener que empezar de cero.
Vas a estudiar mucho más, a ponerte mil vestidos e incluso a comer verduras. Vas a preferir de ahora en adelante llevar siempre el pelo suelto, vas a usar las botas altas ya solamente en invierno.
Te da tiempo de soñar ochenta sueños distintos, limpiar y reorganizar treinta millones de veces el cajón donde guardas los recuerdos que se pueden tocar con los dedos.
Colorear el archivo, hacer balance, escribir treinta novelas y relatos y poesías y entradas de Fotolog.
Vas a necesitar luego llamar mucho la atención, desenfocando, aireando los pasajes y la escama y las aletas desmembradas de una soledad armada de latido y de canción.
Por escribir, créeme, ni siquiera te preocupes. Te da tiempo de dejarlo treinta veces e intentarlo treinta más, guardarlo todo en armarios, estar años sin abrirlo ni leerlo, y volverlo una noche cualquiera a sacar.
Y quinientas borracheras, y quinientas decepciones. Y una más.
De esa pandilla que tienes no va a quedar la mitad, de esa inocencia ni un gramo, de ese dolor el dibujo porque vendrá mucho más. De esa foto la sonrisa, de esa vida ochocientas vidas más, de ese entusiasmo el bebé, y esa ambición y esa fuerza que siempre ansiaste tener: tranquila, que las tendrás.
Y vas a reír también hasta partirte, a inventar hasta quemarte, a planear vacíos enteros, a beber hasta cansarte.
Te da tiempo de buscar, de perder y de encontrar, de rugir y de luchar, de cargar con culpa y techo, de abrazar y de empujar, de ignorar y curiosear todo objeto que te encuentres entre la tierra y el cielo.
Vas a marcharte y volver, a detestar, perdonar, a juzgar cosas que luego vas a tener que callar, porque tú las vas a hacer.
Vas a levantar bengalas aunque éstas arrastren guerras: eso nunca cambiará, naciste y eres y estás y morirás siendo siempre una kamikaze loca y una maldita guerrera.
Y ese blanco en el papel seguirá sabiendo igual, y esa letra penetrando, y el mismo sol seguirá siendo el que te resucite cuando olvides tu lugar. Pero sí, sí que habrá cambios.
Y esa sensación que tienes de que nunca llegará esa persona especial, ese que todas te dicen que no existe, que es imposible encontrar, esa sensación es grande y no se marcha, ¿verdad? Esa persona sí existe.
Vas a creer ciegamente en tu dios muy poco más, vas a cerrarte y abrirte y entregarte y hacer promesas que nunca se cumplirán. Y vas a cumplir otras que nunca hiciste.
Vas a saltar al vacío habiendo medido el salto y habiéndote dado igual. Vas a regresar tullida, vas a hacer oídos sordos a consejos y refranes, vas a volver a saltar.
Vas a ganar miedos nuevos, a sentirte cada cambio que ocurre dentro del cuerpo, a reponer prioridades, a recogerlas del suelo.
Te da tiempo de vivir y de pensar, de sentir, de sopesar, de morir y revivir unas treinta veces más. Y de todas esas veces traerás algo, pero hay también equipaje que te tocará soltar.
Se te da bien estar triste y se te da bien pelear. Se te da bien arrancarles la sonrisa, y eres buena, y lo sabes, y tranquila en ese aspecto: nadie en todos estos años va a tener el poder de apagar eso. No te alcanzarán la envidia, la miseria o la maldad. Y a pesar de los problemas que acarrea, no vas a cansarte aún de preferir ir de frente, de dejar bien señalados en su desprecio los dientes, de entregarte en carne y hueso, alma y tecla a la verdad.
Feliz 26 añitos, mi sevillana rota y entera, que lleva más folios dentro de los que hay sobre la mesa. Te recuerdo que te quiero y sigo estando orgullosa de ti, aunque no lo diga mucho, o al menos no así en voz alta. Gracias por todo lo bueno y por todo lo malo que me aportas cada día. Aún nos queda mucho, pero que mucho camino por delante, así que ovarios.
Quiero aprovechar aquí y agradecerle también todo lo que hacen por mi vida cada día a las personas más importantes que han pasado y que aún pasan por ella. En especial a mis padres, mi hermana, mi abuela, mis amigos y Esteban. GRACIAS.
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