23/5/13

Sevilla

Te dejan, te están dejando. Todos tus gatos arañan en su huida tus tejados, maúllan entre siesta y siesta, bajo ese cielo tan tuyo lleno de polvo de estrellas, que se acumulan en grupos y permanecen brillantes como luciérnagas quietas.
Quiero pedirte perdón por haber querido a veces escribirlo desde fuera. 
Jamás renegué de ti, si de ti tengo las piernas, las uñas largas, la letra, llena de sangre teñida con tu orgullo la cabeza. 
Si tú aclaraste mis ojos y los pintaste de verde, y me hiciste, vida mía, el mejor de los regalos: esta vista que se pierde enamorada por siempre entre tu agua bailarina, tu torre de oro y tu puente. 
Si tú me diste la infancia, el amor y la desgracia, la ansiedad y el sol entero, y el sudor más insufrible, la paz más insoportable, el desamor más hiriente y la mañana más grande. 
Sólo dime qué te duele, dime a quién quieres que arañe.
Quiero pedirte perdón por haberlo recordado al pensarte desde fuera. Si soy sólo un caracol, un rizo de tu melena, un extremo de tu voz, si aquí soy de otro planeta, porque tú me acostumbraste a exprimir a cada hora cada gramo de existencia con pasión. Y te escribo en un lugar al que no llega tu risa, y la primavera empuja las ventanas sin colores ni canción. 
Me malcriaste desnudándome al relente, educándome a tu forma: a quemarropa, siempre de frente. Y no me sirve la espera, y aquí no hierve la acera, no transmite luz la gente. 
No entiendo cómo he podido alguna vez apartar tu silueta de mi mente, olvidar por un momento quiénes somos. Si tú me diste la tinta, con ella la vida entera, el amor más desgarrado, el pasado más hermoso y más humano. En cada noche un puñado de ceniza, y sobre cada balanza, cada pérdida en un sobre que me indica lo que queda. El futuro tatuado en calas de luna llena.
Cuánto te debía entonces, cuántas noches todavía por escribir a tu vera. 
Prometo si muero un día, morirme donde estés tú, apagarme desde un sitio desde el cual siempre te vea, escribirte hasta que no quede pulso parpadeando bajo mis venas.
Si cada historia que invento, me la invento para ti, si tú me diste la infancia, el amor y la desgracia, la ansiedad y el sol entero, y el sudor más insufrible, la paz más insoportable, el desamor más hiriente y la mañana más grande. 
Sólo dime qué te duele, dime a quién quieres que arañe.
¿Puedo pedirte algo a cambio? Quiero que nunca te olvides de quien te escribe aquí esto. Que eres tú la que me enseñó a ser buena, que una flor no existe nunca sin raíces, y que tú eres mi raíz. Que antes de cerrar los ojos para siempre, quiero pudrirme escribiendo un océano de cuentos para ti, morir bajo tu corona de algodón, tus faroles amarillos, tu olor a naranjo en flor, tu mantoncillo de luz, tu color que es el del vino, y tu cielo siempre limpio y siempre azul.