Anda, no te escondas más detrás de tanta nube, gitana mía, que tú a mí me das la vida. Que llevo ya un mes buscando tu melena en cada cruce de calles, tu pelo rubio apoyado en el perfil de todos los edificios, y todo estaba frío, y no lograba encontrarte.
Y aquí te me acercas hoy como en una aparición, un pequeño calambrazo del destino. Cuando sentía que la gente me aplastaba, que parecía que no hay nadie, que las horas se suceden y mi voz duerme y repliego a los soldados que había despertado el alba.
Cuando pienso que no tengo a donde ir, por dónde escapar. Cuando parece que a ratos olvido quién soy, qué quiero, por qué camino tenía que meterme para despistar al gato. Cuando ya el viento me había despeinado hasta los huesos los sueños, y creía que lo único que quedaba era soltarse de la cuerda, dejarse balancear.
Tú te asomas despacito y me alumbras la cabeza, y mi cerebro recuerda a esa niña con el pelo colorao, las piernas largas, la boca suelta.
Y cierro los ojos y veo esa flor, mitad roja Sevilla, mitad marrón. Mitad naranja y mitad lila.
Y recuerdo que existía un universo paralelo, y que tú sigues ahí, tú, mi única religión, mi única feria, mi fiesta, mi única batalla verdadera, mi único secreto y mi única escalera. Mi única reencarnación. Mi única meta y mi única casa.
Anda ven, flamenca mía, quédate un poquito más aunque sea sólo por mí, que te quiero más que a nadie y que te he querido siempre, con el pecho y con la sangre. Venga, anda, sal aquí, desabróchate el vestido, recuérdame que hay pasión más allá de la desgana, que el sol sigue siendo el sol, que puede un rayo engendrar de vez en cuando calor, incluso cuando parece que no alcanza nada.
Voy a comprarte una falda de lunares, que es abril, y así te pones más guapa.
Pero no te escondas más detrás de todas las nubes, que son más, gitana mía, y tú a mí me das la vida. Que sin ti todo es más feo, más doloroso y más triste. Quédate un rato por mí, que yo te quiero de siempre, que lo sabes desde que aquel mes de agosto te asomaste de perfil, y me miraste a los ojos desde lo alto de la torre que vigila por las noches el río Guadalquivir. Que lo sabes desde que me conociste.
Alúmbrame un rato más, que te quiero de verdad, que te quiero con el alma.
Voy a comprarte una falda de lunares, que es abril, y así te pones más guapa.
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