Esto es más que una pequeña médula digital. Más que una carta en formato entrada de blog dedicada al hijo o hija que algún día espero tener. Más bien podría decirse que se trata de una declaración de atenciones, un baño de perspectivas. Un abrir de brazos cargado de píxeles y letras.
Que sepas distinguir los colores será algo natural, y es lo menos importante. Que ganes concursos y te premien por ello, que finja apreciarte gente que no te conoce. Que te digan "circle" y dibujes un pequeño circulito arrugado. Eso me importa mucho menos, mucho menos que esto.
Yo quiero que me mires y desafíes mi orgullo con tu limpieza. No bailé ritmos que no estaban, enredándome en la antigua cortina verde del salón de Chucena como si fuese un vestido largo, para que vengan a decirme de quién es el reino, qué es mío y qué no. No me he encerrado tanto entre la espada y la pared color albero de mi cuarto, derramándome entera en líquido y en sólido, para que vengan de fuera a intentar explicarme en qué consiste ser humillado. Ya he viajado mucho más de lo que muchos querrían, y he visto mucho, mucho más de lo que miran mis ojos. Me he visto incluso a mí misma, ahí tumbada como una imbécil tiritando folios enteros.
Todo lo que he echado fuera es mío, todo lo he escrito, y todo lo que he llorado ha caído sobre mí, frío, cara abajo, pegándose a mi cuello y a mi desvelo, todo en mí, todo de mí, y nadie tiene ni tendrá nunca derecho a quedar por encima de eso, pues perdieron mi respeto ya hace tiempo.
Yo me he visto arañando las capas de la luna, rebañando las migajas que iban quedando sueltas, abriéndome la camisa para que llegasen todas sus balas hasta mi pecho. Todas me han dado, y a todas me debo. Y todo lo he hecho sonriendo a mi enemigo con el brillo en los ojos, con la literatura de mi parte, la noche de mi parte, el viento de mi parte.
Volviendo a ti, tesoro, recuerda todo esto como la única verdadera lección que quiero traspasarte, tatuarte en la frente con la tinta más poderosa de todas: el ejemplo. Mírame bien y escucha esto: tu madre nunca, nunca jamás, se rindió por nada ni por nadie.
Me equivoqué, quizá más que otras, caí a veces más abajo, con más golpe, dejando sobre mis piernas más moratones que otras. Perseguí más, protesté más, molesté más. Pero también aprendí más que muchos otros, y en eso debo darle las gracias al dolor, por su honesta y siempre firme manera de enseñarnos el alma de cada cosa. Conocerás mi alma por mis actos, entonces, así que intenta aferrarte a ellos, pues son todos para ti. Los sinsabores y defectos me han hecho humana, me han hecho de carne y hueso. Pero sólo el coraje me ha hecho persona.
No dejes que nadie que no haya llorado tu llanto te obligue a dudar. No tomes en cuenta lo que digan sobre luchas aquellos que no han tenido agallas para luchar. No sigas a líderes del precio y de la carne, sino a un único líder, un único héroe, que es el que está entre tu flequillo desaliñado y tus cejas.
No creas a quien te intente convencer de que ser bueno no vale la pena. Tú pregúntale a mamá, porque ella siempre hará lo que tenga que hacer para mostrarte que eso no es cierto. Jamás la maldad ha hecho a nadie feliz. Jamás. Los miserables no descansan, no encuentran paz dentro de ellos mismos y por eso proyectan sus guerras en los demás. Necesitan hacer daño para alcanzar placeres menores y furtivos, ya que se piensan incapaces de conseguir placeres duraderos y valiosos.
Yo me levanto cada día con la esperanza de que seré un buen modelo para ti, y te prometo que pocas cosas en mi vida me importan más que eso, que convertirme en la persona que tú necesitarás que sea.
Mi estrella fugaz ardiente, la joya de mi corona. Tu padre y yo llevamos a los hombros mucha incomprensión y rabia, muchas horas mal teñidas, mucha tristeza ya antigua. Pero tú estás por encima de todo eso, por encima de nosotros, por encima de toda herida que entumezca ahora al mundo.
Tú vendrás lleno de luz a un sitio oscuro y ripiado, y traerás sólo amor contigo, y es eso lo que debes defender siempre que puedas, aunque sea a solas, aunque sea solo. Aunque veas que todos hacen lo contrario, dejarse vender, dejarse comprar, dejarse manipular como animales sin conciencia.
Y si algún día te fallo, en mi despellejado intento feroz por hacerte feliz, si algún día me resbalo entre modelos erróneos y batallas del pasado, tú no te calles ni cedas. Enfréntame. Nunca calles ante mí, nunca bajes la cabeza ante mí, pues yo no estoy por encima, no soy más que tú. Me debes sólo el respeto que yo te muestre, y eso es a lo que debes lealtad, no a personas ni a nombres.
Si algún día todos te empujan, si algún día hasta yo te empujo, si algún día todo falla, tú levántate y muerde. Muerde hasta quedarte sin boca, Gonzalo. Muerde hasta quedarte sin dientes, Victoria. Que vuestros colmillos dejen marca en todo aquello que toquen.
Todos tenemos preguntas, absolutamente todos. Pero el mundo tan sólo le responde a los valientes.