¿Por quién vas a morir? ¿Qué vas a dejar escrito en los muros de este mundo? Ni una sola opinión a merced de esta raja, ni una sola palabra tras el "pum". Se inaugura la carrera y las estrellas empiezan con ventaja, y se aprietan por salir las primeras en la foto. La licencia la regalan con las cajas de Nesquick, no la he preparado yo, no doy un duro por escribir.
"Pum", y mucho menos paisaje, mucho menor el respeto por los océanos de gente.
El dedo sobre el gatillo. Sevilla es igual a veces que una mujer orgullosa, va con sus labios de rojo y con la cabeza alta aunque no quiera, y con tacones aunque se canse, aunque le pesen, aunque le duelan. Con tacones y el coraje de un ejército completo, y a taconazos se echa a la guerra.
No puede uno terminar de fiarse de la ciencia, por muchas fotos que suban de científicos enfadados, enfrentados, filosofando sobre el ritmo del reloj, sobre las capas de vida y las posibilidades de otras colonias de idiotas flotando por el espacio. Por muchos libros que escriban y muchos más que critiquen, por mucha idea que presenten, no terminan de aclarar las dudas más esenciales y todavía están en ello, trabajando entre paredes, subiéndose por las ramas, despreciando justo aquello que les hace recordar qué es lo que aman.
No puede uno admirar a los dioses, cuyos castigos consisten en venganzas y arrebatos de furia, y que destacan tanto por su egocentrismo como por esa falta desconcertante de misericordia hacia una raza que habían creado ellos mismos, siguiendo su propia imagen como patrón sobre el barro. Se pierden en libros sagrados mal construidos y mal narrados, inflados a base de metáforas y mensajes a medio soltar. Nadie ha encontrado alivio en padres que no responden, que no educan, que no lloran a los pies de la cama de sus hijos. Jamás dejaría a ninguno de mis seres queridos dejar que su destino dependiese de entes tan macabros e injustos, tan descuidados e irresponsables. No me gustan, no les gustamos nosotros. Con eso estamos en paz.
No puede uno fiarse de esta realidad hecha a base de nuestros propios conceptos mentales de cada cosa que nos rodea. Estamos hechos de sueños, y de sueños altamente definidos hemos diseñado el mundo. Pero los colores son sólo una creación nuestra, y también el arco iris, y las formas y el lenguaje. Todo es artificial y todo es nuestro. Y donde vemos un plato y dos copas de champagne hay sólo un manojo de moléculas y átomos cruzados, y según su posición forman líquidos o sólidos. El mundo que conocemos está sólo en nuestros ojos. No vemos lo que hay delante, lo construimos.
Debe uno dudar del paso de los días, del sabor de la comida y del temblor de las piernas. Yo dudo ya de todo menos de este "pum" adentro, de este parpadeo constante en plena fase rem del sueño, de este clic en la cabeza, de este latido que me sujeta cuando me canso.
Hay que vomitar muchas, muchas noches para comprender el sol. Hay que vomitar aún más, durante muchas, muchas mañanas, para comprender la noche.
"Pum", y hay que aprender a luchar incluso cuando nos llueve. Y hay que apostar hasta el aire por aquello que creemos.
Yo creo en mi ceguera, en los apuntes del cajón de las lecciones aprendidas, en el esqueleto de mi valentía. Creo en el "pum" de mi pistola, en la línea de fuego y el fuego que abre camino. Creo en esta luz tenue asomándose al salón y en las ventanas cerradas, el ruido de los coches, la calle quieta al otro lado de la persiana.
Quiero llegarte con lo que escribo
porque poco más sé hacer
y necesito
el agua de tu cariño
para crecer.
Y a veces hay que aprender a pelear no sólo sin el temor, sino también sin la esperanza. Hay que aprender que lo importante es el camino y cómo lo andas, y que la meta ya se escapa de tu jurisdicción, por mucha fuerza y mucha poesía que le prestes. Fuerza y poesía, eso me queda, eso me hace ser quien soy.
Quiero volcar toda la ternura que me quede calentándome las venas en las tuyas, y que no vuelvas a pasar frío. Que lo que saben hoy mis ojos sepan también transmitirlo.
No, no tengo quejas ni prisa, no tengo nada en contra de cumplir con el castigo que me tengan asignado. No tengo más que sonrisas para ti, ni más que un miedo en medio de toda la tormenta, un sólo miedo que a veces me desalienta. Y ese miedo es que tú no creas en mí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario