Cuando se acaba y se cierra la puerta con tanto trabajo. Cuando tus piernas tiemblan al girar el picaporte. "¡Encajan!" Dedo con dedo, sombra con sombra. Una cascada de lluvia cayendo fuerte sobre el cristal del coche, golpeando con furia, como si quisiera romperlo. U2 cantando de frente, tu voz susurrando atrás. "Estás muy seria, ¿no?" Las botas en navidad, el paraguas recorriendo media calle por culpa de la patada, mi pie dolorido y mi mente en calma. Encajan. Tu brazo bajo la lluvia, la lluvia agitando el autobús. La cama de repuesto cogiendo polvo debajo, mis ojos cogiendo polvo justo encima. El lazo en la basura, junto a esa bolsa llena de cosas mías que aún no me atrevo a tocar. Un muñequito senador levantando una copa de vino. Buenas noches. "Intenta no torturarte demasiado." "Si tú lo dices, será verdad." Cuatro plantas, y rajando implacable, con su afilada navaja, las capas de estratosfera alcanzable por el hombre, el tiempo penetrando cada uno de mis sueños. Qué inhumano escribir el vacío en un blog, qué terror esta cadena de palabras, qué derroche.
Toalla que seca mi pelo púrpura casi rojo, la silla eléctrica limpia, la cuerda de la encimera y la luz de la cocina. Si la puerta no se cierra, y en vez de empujarla más, suelto los brazos, me hago pedazos, me quedo de pie esperando, me echo a llorar.
La niña baja con cuidado, en pleno calentón por un enfado de tantos, en pleno ataque causado por el dolor desorbitado, en plena tarde de sol de otoño que arrasa cada avenida como si fuese verano. Llega abajo, se sienta afuera en el portal, se coge una coleta, mira los coches pasar. Dios quiera ser un buen dios, cortar las alas a los que vuelen, asesinar a todo el que vive porque puede, reñir a todos los niños, castigar a latigazos, desmenuzar la inocencia, cumplir con todos sus versos, despertarles desde dentro, recomponer sus pedazos.
Dios quiera que vuelvas pronto o que te vayas del todo, y que no me haga vivir de nuevo ese momento en que el otro aparece desvelado, pidiendo perdón habiendo perdido años, decidido por alzar banderas desconocidas y luchar cuando ya todo esté perdido. Espero que no me busquen el hilo del apagón, los pasillos infinitos, la tristeza acicalada en el sillón.
Espero que tan sólo los valientes y los buenos accedan a tu perdón, Dios compasivo, Dios bueno.
Espero que un día comprendan que las cosas se desgastan, que los cuerpos, aún llenitos de esperanza, de deseos y de amor, también se acaban cansando. Que me comprendan los astros, que les tengo tanto miedo como al paso acelerado de los años.
Espero que algún día todo el mundo abra los ojos y descubra que lo único en el mundo que debería moverles es lo que también les haga respirar. No es el aire, no es la fibra, no es el colchón, no es la verdad. Y que cada movimiento que llevamos a cabo en este mundo evidencia la existencia que decidimos llevar, deja su huella, su historia, su eco grabado en los muros de la eternidad.
Espero que no llegue el veneno a mis pulmones, que no me consuma nunca la misma velocidad. Que el rencor siga dormido, que la culpa se me duerma y sólo te sepa amar, que siga habiendo en mi cuerpo ya sólo amor para ti, ya sólo techo, ya sólo hogar, ya sólo el beso de la corriente, ya sólo el suelo si el cielo hierve, tesoro, ya sólo paz. Sólo el camino, sólo contigo, sólo una lucha, sólo un hogar.
"No cabe duda, ésta es mi casa.
Todos los perros y campanarios
pasan frente a ella.
Pero a mi casa la azotan los rayos
y un día se va a partir en dos.
Y yo no sabré dónde guarecerme
porque todas las puertas dan afuera del mundo."
(Mario Benedetti)
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